¿Puede una empresa familiar de barrio convertirse en un actor de paz? Un estudio realizado con 331 micro y pequeñas empresas familiares del Caquetá —tierra natal de las FARC-EP y golpeada por más de seis décadas de conflicto armado— encontró que sí, y que lo hacen por razones que van mucho más allá de cumplir la ley. Detrás de cada decisión de «hacer algo por la paz» hay una mezcla de presión externa y, sobre todo, de apellido familiar en juego.
Resumen
En regiones marcadas por la violencia, el sector empresarial puede jugar tres papeles muy distintos: ser víctima del conflicto, perpetuarlo, o convertirse en agente de transformación. La literatura académica ha estudiado bastante el papel de las grandes empresas en la construcción de paz, pero ha dejado de lado a un actor fundamental: las micro y pequeñas empresas familiares, que representan la forma de organización más común en el mundo. Este estudio se propuso llenar ese vacío analizando qué impulsa a estas empresas en el Caquetá —cuna histórica del conflicto colombiano— a implementar acciones de construcción de paz, desde la contratación de excombatientes hasta la promoción de procesos de reconciliación comunitaria.
Como no existía un registro previo que identificara cuáles empresas de la región eran de tipo familiar, los investigadores partieron del listado de 16.340 MIPYMES de la Cámara de Comercio de Florencia. A partir de ahí, diseñaron una encuesta distribuida por correo y, de manera complementaria, capacitaron a 16 estudiantes de Administración de Empresas de la Universidad de la Amazonia para acompañar presencialmente a los empresarios de los 16 municipios del departamento durante julio y agosto de 2022. Tras un riguroso proceso de limpieza de datos y la verificación de criterios de propiedad y gestión familiar, el estudio quedó conformado por una muestra final de 331 empresas familiares.
Los resultados muestran que tanto las presiones institucionales (las normas, leyes e incentivos del entorno) como la riqueza socioemocional —es decir, el apego emocional de la familia con su negocio— influyen positivamente en la decisión de implementar acciones de paz. Curiosamente, la presión que más pesa no es la ley, sino la imitación: las empresas tienden a replicar lo que ven hacer a otras empresas similares. Pero el hallazgo más interesante surge al dividir la muestra: las empresas con menor apego emocional familiar responden mejor a las leyes y a la imitación de otros negocios, mientras que las que tienen un fuerte vínculo familiar con la empresa se mueven más por lo que dicen los gremios y las buenas prácticas del sector. En otras palabras, el nivel de «cariño» de una familia por su negocio determina qué tipo de presión funciona mejor para motivarla a actuar por la paz.
Este estudio confirma que las empresas familiares no construyen paz únicamente porque la ley las obligue, sino también porque sienten que su nombre, su legado y su lugar en la comunidad están en juego. Para instituciones como las Cámaras de Comercio o el Estado colombiano, esto representa una oportunidad: diseñar estrategias diferenciadas según el perfil de cada empresa familiar, en lugar de aplicar el mismo incentivo a todas. Queda entonces una pregunta abierta para quienes trabajamos con organizaciones de este tipo: ¿qué pasaría si las políticas públicas de reconciliación dejaran de hablarle a «la empresa» en abstracto, y empezaran a hablarle a la familia que hay detrás de cada negocio?
Nota: Este resumen fue generado con apoyo de Inteligencia Artificial y validado por el equipo investigador, con el propósito de ofrecer un lenguaje claro y práctico para la comunidad empresarial y académica.